Jefes estresados y jóvenes incomprendidos: ¿Es un problema de actitud o de "idioma"?
Leí un titular que me hizo reflexionar: según un estudio reciente, 1 de cada 5 jefes ha considerado renunciar debido al estrés que les provoca trabajar con la Generación Z. Se habla de falta de motivación, de choques culturales y de una brecha que parece insalvable.
Como directora de un instituto de idiomas, no soy consultora de Recursos Humanos ni pretendo decirles a las empresas cómo gestionarse. Pero sí soy una observadora privilegiada de la comunicación humana. En GS Languages conviven profesores de distintas edades y alumnos que van desde niños y adolescentes hasta directivos. Y lo que veo a diario no es una "guerra", sino algo que en lingüística conocemos bien: un problema de traducción.
Lo que vemos al preparar una entrevista
Donde más noto esta fricción es en uno de nuestros servicios específicos: la preparación para entrevistas laborales en otro idioma.
Hemos trabajado con jóvenes, con un alto nivel de inglés; saben vocabulario, tienen fluidez y manejan la tecnología mejor que nadie. Pero cuando simulamos la entrevista, ocurre el cortocircuito.
Quizás su forma de pedir "flexibilidad horaria" suena demasiado directa para un entrevistador de 50 años. O tal vez su manera de explicar por qué dejó su último trabajo ("porque me aburrí") es honesta, pero carece de la diplomacia corporativa que se espera en ciertos entornos.
Ahí es donde nuestro trabajo va un poquito más allá del vocabulario. No les decimos qué pensar, pero sí les ayudamos a entender que el idioma no son solo palabras: es contexto. Les enseñamos a "traducir" sus expectativas legítimas a un lenguaje profesional que un jefe de otra generación pueda valorar y no rechazar.
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La convivencia puertas adentro
Esta noticia también me resuena en lo personal, gestionando mi propio equipo. En el instituto trabajan profesores jóvenes con una energía y una capacidad digital envidiable, y profesores con décadas de experiencia y una metodología más clásica.
¿Es fácil? No siempre. A veces los ritmos chocan. Pero he notado que cuando el objetivo es común —que el alumno aprenda—, esas diferencias se suavizan. Se comparten experiencias y todos aprendemos algo nuevo.
Aprender a interpretar, no solo a hablar
El artículo menciona que los jefes se estresan porque sienten que no entienden a los jóvenes. Y los jóvenes, a su vez, se sienten juzgados.
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Según los resultados, más de la mitad de los directivos, un 51%, reconoce sentirse frustrado al tratar con empleados jóvenes, mientras que un 44% asegura que esta generación les genera altos niveles de tensión.
Aprender un idioma extranjero (sea inglés, chino o portugués) es el mejor entrenamiento para esto. ¿Por qué? Porque te obliga a salir de tu ombligo. Te obliga a pensar: "¿Cómo digo esto para que el otro me entienda, no como yo quiero decirlo, sino como él necesita escucharlo?".
Quizás el estrés del que habla la noticia bajaría si, en lugar de esperar que el otro cambie, tratáramos de entender cuál es su código. Al final, ya sea en una clase de conversación o en una reunión de directorio, todos buscamos lo mismo: conectar y sentirnos entendidos.
Esto vas más allá de gerarquías, saber comunicarse con personas de diferentes edades es una de las habilidades blandas que más se valora.
Y tú, en tu trabajo, ¿sientes que hablas el mismo idioma que tus compañeros de otras edades?